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    Puede decirse que este inglés es inteligente, eligió encarar la gira presentación de Let Them Talk justo ahora, cuando la serie que protagonizó durante ocho temporadas llegó a su final y su personaje como Dr. Gregory House todavía está en la cima. Y Hugh Laurie no reniega de esta situación, por el contrario, la aprovecha para descomprimir los primeros segundos del show. Seguramente la idea también sea usar el personaje lo antes posible para calmar al sector más cholulo del público y después poder dedicarse por completo a la música. Aunque lo que hace este señor es mucho más que música, le gusta contar historias, explicar el cómo eligió cada una de las canciones que integran la lista de temas, compartir sus experiencias y agregarle un poco de acidez a todo lo que esté a su alcance.

     

     

     

    Allá por 2009 Bersuit propuso hacer Luna Llena, un ciclo de tres fechas que los tendría tocando en el Palacio de los deportes durante abril, mayo y junio cada noche del mes en que la luna se muestre en su máxima expresión. Los dos primeros se realizaron y el tercero, por razones ya conocidas, quedó trunco. Anoche, tres años después, completaron esa cuenta pendiente y volvieron al Luna Park, aunque esta vez para presentar La Revuelta y no ? y sin Cordera, en el primer recital propio en Capital desde aquel entonces (habían tocado, pero dentro del marco de un festival).

     
  • Hace unos treinta años, estos muchachos rompieron con todo y revolucionaron a la escena británica para sacarla del aburrimiento en la que estaba sumergida y ofrecer un cambio radical. Unos locos lindos que junto a los Stone Roses se erigieron como los referentes de la movida Madchester (juego de palabras entre la locura que ofrecían y su ciudad de origen) desembarcaron por primera vez en nuestro país, luego de que Shaun Ryder anunciara en enero pasado el regreso definitivo de la banda (tuvo otros tres intentos que no prosperaron) con su formación original que incluyó convencer a su hermano Paul que se había retirado de la música con el sólo objetivo de evitar cualquier tipo de tentación.

     
     

    Hace unos treinta años, estos muchachos rompieron con todo y revolucionaron a la escena británica para sacarla del aburrimiento en la que estaba sumergida y ofrecer un cambio radical. Unos locos lindos que junto a los Stone Roses se erigieron como los referentes de la movida Madchester (juego de palabras entre la locura que ofrecían y su ciudad de origen) desembarcaron por primera vez en nuestro país, luego de que Shaun Ryder anunciara en enero pasado el regreso definitivo de la banda (tuvo otros tres intentos que no prosperaron) con su formación original que incluyó convencer a su hermano Paul que se había retirado de la música con el sólo objetivo de evitar cualquier tipo de tentación.

    En ese contexto y tras realizar una importante gira por el Reino Unido y algunas presentaciones por diferentes países de Europa, estos ex drogones arribaron al país con un puñado de buenas canciones producto de los cinco discos que publicaron desde 1987 a la fecha, pero poco de esa locura que los caracterizó. Es cierto, la gente crece, cambia, evoluciona y tampoco da hacer las mismas boludeces que hace treinta años, pero lo de ayer fue demasiado correcto, solemne. Si hasta el bueno de Bez, el bailarín que ostenta el mejor trabajo del mundo (sólo aparece en tres canciones) y se convirtió una celebridad en UK por haber ganado la edición 2005 del Gran Hermano Vip, pasó por el escenario como una figura simpática y no mucho más. Apenas los entusiastas de las cinco primeras filas bailaron como desconados, otros levantaron cuando sonó 24 Hour Party People o algún otro hit y el resto pareciera haber aprovechado la entrada gratis que regalaba la compañía telefónica para ir a ver de qué iba la cosa. Pero todo demasiado frió. A ver, que se entienda. El show no fue malo, sonaron muy bien y tocaron las canciones que tenían que tocar, pero les faltó onda, fiesta y se supone que de eso van los Happy Mondays.

    Comenzaron con Loose Fit y Kinky Afro, acaso una de las más festejadas de la noche, en la que se destacó la dulce voz de Rowetta. Sonó también God´s Cop y el tramo más festivo estuvo con el doblete de la mencionada 24 Hour Party People y Rave On. Luego el show entró en una meseta que levantó con la aparición de Hallelluyah y el final (antes de los bises) con Step On. Jellybean y W.F.I cerraron un set demasiado prolijo y algo apagado.

    Así que, si sos de los que te amedrentó la lluvia, tenés otra compañía de celulares o preferiste quedarte a ver el paso a semifinales de la Copa Libertadores de Boca, sabé que no te perdiste de mucho.

    The Kooks es de esas bandas que ni bien ponen un pie arriba del escenario logran desatar la histeria. Una ola abrumadora de gritos se apodera del estadio y por momentos se piensa lo peor. ¿Estaremos ante una versión grupal y más adulta de Justin Bieber? ¿Se repetirá el ritual una y otra vez a lo largo de la noche? ¿Lograremos escuchar algo más que alaridos desaforados? Gracias a dios –o a quien corresponda- a los seguidores de esta banda inglesa no sólo les interesa expresarles su admiración sino que también disfrutan de un buen show. Y eso fue lo que se vivió en el Luna Park.    
  • Entre tanta pantalla gigante envolvente, puesta en escena 3D, hologramas de cantantes que ya no están y mil quinientos artistas mega consagrados en un mismo show a veces uno se olvida lo lindo que es simplemente ir a un lugar a escuchar música en vivo. Que salga una banda y que logran captar la atención de la gente porque la rompen con sus temas y porque su química sirve como el mejor de los efectos especiales. Se puede decir que quienes estuvieron presentes en el show de La Vela Puerca sintieron eso.    
abril 5, 2012

Con todas las luces

“Antes de salir nos dijeron que por la lluvia se iba a romper todo, que el escenario no iba a aguantar, que el techo se estaba viniendo abajo y que las luces se rompieron en la tormenta. Pero no nos importó, pedimos que prendan las luces del estadio y… ¿saben qué? Agradezco eso porque los pude ver a todos ustedes. A veces cuando las cosas vienen mal, es cuando mejor terminan saliendo. Y esta noche terminó siendo una de las mejores”, tiró un afilado Dave Grohl mientras hacía sonar la base de These Days, casi sobre el final  y antes del inicio de los bises.

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Es que el show se alteró tras la fuerte tormenta que comenzó mientras tocaban los Arctic Monkeys y se prolongó durante tres o cuatro canciones de Foo Fighters. Interiormente uno nunca desea la lluvia y menos de la manera que se desató, pero una vez consumada y mojados a más no poder, sólo resta entregarse y convertir esa noche en aún más gloriosa, por si no alcanzara con la sola presencia de Dave Grohl y compañía. Además de las ropas empapadas, el temporal destrozó varios reflectores del escenario y por eso las casi tres horas de show se desarrollaron con todas las luces del estadio encendidas. En un principio pensamos que era por cuestiones de seguridad, pero el propio cantante se encargó de explicar la situación, extraña y a priori incómoda, pero que le dio un toque diferente al espectacular show que dieron en su despedida de Argentina.

El otro gran dato de la noche fue que no repitieron el show de la noche anterior. Por lo general, las bandas internacionales que hacen más de una fecha acá suelen presentar el mismo setlist o apenas con alg modificación de una o dos canciones, no más. No fue el caso de Foo Fighter, que si bien mantuvo la base (por razones obvias, las de Wasting Light y las infaltables estuvieron), cambiaron radicalmente el orden de la lista (el inicio fue con All My Life y Times Like These), agregaron algunas –como Long Road- y dejaron para los bises tres que no tocaban hacía mucho (así las anunció Grohl): Enough Space, For All The Cows y Up In Arms.

A pesar de los inconvenientes técnicos con las luces, el sonido mejoró sustancialmente con respecto a la noche anterior. Es difícil sonar bien en River y más con la tormenta encima, pero se escuchó mucho mejor desde el campo y la platea, más nítido y con la voz bien al frente, cosa que por momentos no ocurrió en el primer show. Las circunstancias llevaron también a que estuviera todo más caliente, algo tal vez impensado después del tremendo show del martes. La ovación para Pat Smear y el grito de Nirvana, Nirvana emocionaron al guitarrista –también a nosotros- que fue parte y colaborador de la banda de Kurt Cobain. Las 40 mil voces coreando el riff de Best Of You también tuvieron el reconocimiento del grupo “diecisiete años… debimos haber venido antes”.

A la potencia y calidad de cada una de sus canciones Foo Fighters le imprime una cuota de oficio tremenda al recital. Literalmente hacen lo que quieren sobre el escenario. Si amerita se cuelgan con alguna zapada furiosa, cortes abruptos para atacar con todo, chistes, algún cover, invitados (Joan Jett tocó en Bad Reputation, antes del cierre con Everlong) y hasta un cambio de roles con Dave Grohl en la batería y Taylor Hawkins poniéndole la voz a Cold Day. Qué decir del carisma del cantate; a esta altura sobran los adjetivos para describirlo.

Finalizó la primera travesía (esperemos que no sea la última) de Foo Fighters por Argentina que nos regaló dos noches históricas que superaron las expectativas y que ya se convirtieron en un recuerdo eterno. Con el correr de los años y el pecho inflado dirán “yo estuve la noche de la tormenta, que tocaron con todas las luces encendidas”, otro retrucará: “y yo estuve la primera noche, un show como indican las leyes del rock”. Los dos imborrables.

Pablo Zinola
Fotos: José Luis García

Los amenazantes relámpagos anunciaban la esperada salida de los Arctic Monkeys al escenario. Pasaron casi cinco años desde aquella visita al Luna Park en la que la banda inglesa había presentado su aclamado Favourite Worst Nightmare. Esta vez, ya casi llegando a las tres décadas de edad, el “grupo de monos” llegó a nuestro país con el objetivo de mostrar su último y más ambicioso álbum: Suck It and See.

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El riff electrizante de Don’t Sit Down Cause I’ve Moved Your Chair fue el elegido para abrir el show en el Quilmes Rock 2012 y empezar a rockear la noche de Buenos Aires que a esta altura se iluminaba por culpa de unos poderosos rayos que caían encima del Monumental. Y casi como si fuera una predicción, Crying Lightning comenzó a sonar de los parlantes y la gente mostró los primeros pogos del día.

 

Era sin dudas una de las visitas más esperadas, la causa por la que hoy sí el estadio de River se llenó y ayer no. Ver a Alex Turner demostrar por qué es uno de los músicos más destacados de la nueva generación y por qué muchos lo consideran la “salvación del rock” era una tentación muy grande, una excusa perfecta para salir del laburo antes y llegar a River antes de la siete. Y poder escuchar su guitarra crujir en el clásico I Bet You Look Good on the Dancefloor fue la confirmación perfecta.

 

Matt Helders tuvo su momento de gloria en Brick By Brick y se mostró como el socio perfecto para Alex en el nuevo e inédito R U Mine? La tranquilidad de Do Me a Favor y Suck It and See se cambió en sólo segundos por la furia y adrenalina de Fluorescent Adolescent. El final se acercaba, la lluvia ya cubría todo el campo y la gente empapada empezaba los saltos más grandes de la noche. When The Sun Goes Down fue el tema elegido para terminar el show y dejar todo listo para que los Foos se suban nuevamente al escenario de River y rockear como ellos solos saben.

 

Pablo Vio

Fotos: José Luis García

 

abril 4, 2012

Cada vez más potente

Todavía no pasaron los show más convocantes de esta fecha y ya quedó claro que quienes compraron su ticket para este día salieron ganando. Después de Cage The Elephant, por segunda vez en lo que va del festival, Joan Jett presentó su setlist. Esta vez con algunos cambios. Un poco más tarde llegaron los potentes TV on the Radio, que subieron la temperatura desde el primer paso que dieron sobre el escenario.

 

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Gracias a la nueva ubicación en la grilla de la señora Jett mucha más gente pudo disfrutar la presentación de esta legendaria dama del rock. Las modificaciones en la lista no fueron muchas, su show arrancó con A.C.D.C. y otra de las que se incorporaron en esta presentación fue Reality Mentality. Entre las que se repitieron estuvieron Cherry Bomb, Do You Wanna Touch Me y la infaltable I Love Rock and Roll. Al igual que en la jornada anterior la morocha derrochó estilo. Conciso y efectivo.

 

 

Con TV on the Radio se renovó el aire por completo. La propuesta de esta banda resulta innovadora. Su música gira en torno al jazz y soul, mezclado con un poco de rock y algo electrónico; una conjunción de sonidos que termina siendo hipnotizante. Entre los grandes valores de la banda se encuentra el trompetista, que marca territorio desde el primer momento. Otro protagonista en el grupo es la potencia que logran todos juntos que sólo se termina después de que saludan al público para despedirse.

 

 

Esta es una canción para los amantes”, con esas palabras presentaron Will Do, el único tema más o menos tranca del setlist. La canción pertenece a Nine Types of Light, el álbum que editaron en 2011. De ese mismo disco también hicieron Second Song y Repetition. De su primera época tocaron Young Liars y Staring at the Sun. Para el cierre del set también eligieron un clásico, Wolf Like Me.

 

 

Dos muestras de que vale la pena estar presente en todas las fechas de los festivales. Incluso aunque amenace la lluvia y más tarde termine convirtiéndose en realidad. Mientras tanto, ya están los Arctic Monkeys en el escenario principal haciendo la previa para Foo Fighters.

 

 

 

Chech Street

 

Fotos: José Luis García

 

 

Bajo una calurosa tarde comenzó la segunda jornada del festival. A diferencia de ayer, hoy sí parece que habrá más público. Desde temprano el campo de River está bastante poblado y habilitaron la popular que lentamente se va llenando.

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La primera gran sorpresa la dieron los muchachos de Cage The Elephant, con un rock poderoso y muy original que además cuenta con Matthew Shultz, un cantante desfachatado que utilizó muchos de los mandamientos de un frontman: cantó desde el piso, corrió por todo el escenario y hasta se animó a tirarse al público, en dos oportunidades. La última, en el final del set con Sabretooth Tiger, que no sólo se arrojó, sino que nadó sobre la marea hasta el final del público.

Más allá de la excentricidad de Shultz, la banda aprovechó su presentación en Buenos Aires con un set contundente en el que se sucedieron varias canciones de su primer disco homónimo y Thank You, Happy Birthday, la placa que lanzaron el año pasado. Sonaron In One Ear, Aberdeen y Tiny Little Robots y en el final aparecieron Ain´t No Reset y Shake Me Down, entre otras.

Antes, Massacre abrió la segunda jornada que tendrá a Arctic Monkeys y Foo Fighters como principales atracciones de la noche. LA banda de Walas es una parada obligada en este tipo de acontecimientos y obviamente, no defraudó. Fuer un set corto, pero efectivo de ocho canciones entre las que estuvieron Mi Mami No Lo Hará, que abrió el show, Tanto Amo y Te Leo Al Revés. En el final sonaron Plan B: anhelo de satisfacción y Ana Se Duerme.

Ya está por subir Joan Jett al escenario (otra de las grandes atracciones del festival), la jornada promete y mucho. A pesar de la tormenta que se avecina. Le presentaremos batalla.

Foto: José Luis García

Fue como uno de esos sueños que muy pocas veces se hacen realidad. Como esas promesas que uno cree que nunca se van a cumplir, pero por algún motivo –dígase suerte, destino o simplemente tiempo- llegan… tarde pero llegan: Foo Fighters tocó por primera vez nuestro país y casi tres horas de show le bastaron para demostrar por qué hoy son una de las bandas más grandes del rock.

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Diecisiete años, siete álbumes de estudio y varios premios Grammys le tomaron a Dave Grohl volver a pisar Buenos Aires y dejar atrás aquellos resquemores que se crearon después de la accidentada visita de Nirvana en 1992. Pero ya poco importan esos –muchos- años de espera, poco importa si las pantallas del estadio son muy chicas o si la acústica no es la ideal, poder ver a los Foo Fighters en vivo es un sueño que muchos llegaron a cumplir gracias a la bondad y generosidad de nuestro amado y querido rock.

Qué mejor manera de empezar el show que hacerlo con la crujiente y amenazante guitarra de Bridge Burning y lograr en pocos segundos que el Estadio de River empezara a resquebrajarse, demostrando así que cualquier monumento colosal puede ceder ante la fuerza de los Foo en vivo. Pegadas, con la viola de Pat Smear acompañando las vibraciones, Rope y The Pretender se sumaron a la lista y mostraron dos de los mejores momentos de la noche: en ambos temas, y como si se tratara de la típica calma que antecede a la tormenta, la gente quedó muda por unos instantes hasta explotar con los potentes riffs que se expandían de las guitarras de Chris y Pat.

Pero esto recién empezaba. Grohl había prometido que iba a ser un show largo y que iban a tocar todos los temas del grupo…bueno casi todos y no nos defraudaron. Learn To Fly, la enardecedora White Limo y Arlandria sonaron casi maratónicamente. La piel ya empezaba a erizarse, pero el tiempo hacía que uno no tuviera ni tiempo de calentarse –bah, si es que el calor era la solución adecuada para calmar la ansiedad y la adrenalina que corría por la sangre de todos los presentes.

Está claro, Dave y Taylor son más que amigos, son como hermanos. Se llevan bien, se conocen de memoria y pueden comunicarse casi sin mirarse. Por eso, los pasajes en que ellos dos tomaban la posta –como el tramo rockero después de Breakout en el que los dos se pusieron a zapar en el escenario- dejaban cualquier cabeza al borde de la explosión. Esto parte de la base de que además de tocar sus clásicos y hits más conocidos, el grupo rockea de la puta madre y puede mantener el nivel musical mucho más alto de lo pretendido.

Este es un tema muy especial. Hace mucho que no lo tocamos y lo preparamos especialmente para ustedes” dijo Grohl antes de hacer una versión de Big Me –uno de sus primero clásicos- con un potente medley de Feel Good Hit The Summer de Queens of the Stone Age –banda en la que Dave participó en el 2002.

Se acercaba uno de los momentos más esperados de la noche. Los recuerdos todavía frescos de aquella noche del ’92 en Vélez afloraban en la piel de miles de “ex adolescentes” memoriosos que encontraron en esa época el refugio perfecto en el grunge. Y sin dudas el mejor tributo que alguien –y más teniendo en cuenta que ese alguien es Dave Grohl- podía hacerle a Kurt era un tema, un poquito de su propia medicina: I Should Have Known, una furiosa balada que dejo al cantante mirando al cielo cantando “No I cannot forgive you yet” (“Todavía no puedo perdonarte”).

La interminable noche iba llegando a su fin. Las dos horas de show iban cubriendo las expectativas de las más de 20 mil personas –tal vez una cifra menor a la que se esperaba, sobre todo teniendo en cuenta que en River entran 60 mil- que llegaron al Monumental para ver a los Foo Fighters. “Ahora voy a hacer una de mis canciones preferidas” dijo el carismático Grohl antes de hacer These Days y hacer saltar a la gente como si el recital recién hubiera empezado. This Is The Call contó con un impresionante y sorprendente medley de In The Flesh de Pink Floyd, cantada por Taylor Hawkins, y la rabia de Best Of You fue acompañada por todo el estadio que acompañó cada segundo de la canción.

Presentada como una canción “tranquila y melosa” sonó el clásico All My Life antes de que la banda abandonara el escenario por unos minutos. A esta altura no había pero que valga, no existía queja alguna ni se podía reprochar nada. Los alaridos de Dave habían dejado claro que el grupo llegó a nuestro país para conquistarnos, colonizarnos y tenernos como esclavos. No había escapatoria, el poder de las tres guitarras –no hay dudas suenan mucho mejor en vivo, más potentes y exquisitas que en los discos- y la fuerza de la batería de Taylor – ¿quién no envidió la energía de este muchacho que le dio a los parches sin parar de principio a fin y de manera perfecta?- nos hipnotizaron como si se hubiese tratado de unos encantadores con sus serpientes.

Bad Reputation, el clásico de Joan Jett, cantado a dúo con la legendaria líder de The Runaways marcaba el final. Aunque, tratándose de Foo Fighters siempre quedaba tiempo para algo más. El infaltable, ese tema que todos queríamos escuchar y que nos hubiera dejado un gusto amargo si no sonaba: Everlong, el estadio moviéndose de lado a lado, los parlantes a punto de explotar y miles de sonrisas de par en par abandonando el estadio sabiendo que esta vez, el sueño se cumplió.

Pablo Vio

Fotos: José Luis García

abril 3, 2012

Una previa tranca

Que en la variedad está la diversión es algo ya sabido. Tal vez no todos coincidan, pero algunos aseguran que siempre viene bien cambiar un poco de aire. Bueno, eso es lo que pasa todo el tiempo en el Quilmes Rock. Cuando MGMT subió al escenario ya habían pasado Joan Jett y Crosses, una mezcolanza de aquellas.

 

 

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El dúo propuso un setlist electrónico, bajar un poco la ansiedad y hacer un chill out antes del plato fuerte. Arrancaron el setlist con Pow y en seguida vino uno de los temas más conocidos de la banda. Cuando empezó a sonar Time to Pretend parecía que todo iba a ir subiendo, que la cosa iba a explotar. Pero no, quedó ahí, como a medio camino. Es que las canciones de esta banda son un tanto monótonas y eso sumado a la expectativa de un show que sabemos que te vuela la peluca –los grosos de Foo Fighters- da un saldo negativo.

 

 

Cabe destacar que Ben Goldwasser y Andrew VanWyngarden le pusieron pilas a su performance. “Muchas gracias, somos MGMT y es la primera vez que tocamos en un estadio”, dijeron con un dejo se emoción. Y tan a gusto estaban con la novedad que hasta hicieron un tema nuevo, Alien Days. En su lista de temas también incluyeron Hot Smoke and Sassafrass, un cover de Bubble Puppy repleto de aguditos.

 

 

La cosa siguió así, la banda tocando temas y haciendo comentarios del estilo de “No puedo distinguir si este es el olor de Maradona o el de la marihuana”. La cosa repuntó un poco con Kids, ahí como que la gente se puso más pilas y empezaron a menear un poco los torsos. Los últimos dos temas fueron Congratulations y Of Moons, Birds and Monsters. Y empezó la cuenta regresiva, tan solo media hora para que Foo Fighters empiece a tocar. Unos minutos que parecen eternos.

 

Chech Street

 

Fotos: José Luis García

 

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